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viernes
Pasa Febrero
Intento pasar de puntillas sobre este mes de febrero que este año cruza despacio en el tiempo. Del amanecer al ocaso persigo el sentirme ingrávida, etérea, imaginando ser una pluma suspendida en el aire que nunca se llega a posar el suelo. Luego, durante estas largas noches de invierno, dejo llevar mi mente a lo más hondo de mi ser y recojo allí todas mis vivencias, mis miedos, mis sueños rotos, mi consciente... Y allí, en ese lugar los enrosco dándole postura de feto sintiendo que ellos y yo estamos aún en el vientre materno, muy, muy lejos de los monstruos reales que destrozaron mis ilusiones y arrancaron de mis brazos la vida con tanto amor creada.
Es cuando más segura me siento. En ese cobijo no existen ni el dolor ni la impotencia, la esperanza se hace dueña de mis sentidos y me regala el don de presentir todo lo bueno y bello que tengo delante, todo lo maravilloso que aún me queda por hacer y vivir.
Entonces cierro los ojos con fuerza y me dejo mecer por los flujos tibios de ese cobijo que habito, esperando que pase Febrero.
Imagen: vladimir kush wallpaper
sábado
Después
Me descalzo las botas de soldado gastadas y ajadas, rotas después de tantos pasos dados por el camino en el que me situó el big-bang de mi existencia, y aún con el rosario de mis creencias en el cuello, me adentro en ese otro nuevo sendero que se abre ante mí.
Blanco, luminoso, etéreo, ingrávido.
No duelen mis pies al recorrerlo, no duele mi alma al mirar atrás. Nada duele.
Y veo como se aleja esa máscara blanca que un día fui yo. Se desprende las cáscara y deja solo mi esencia.
Sueño que después de este largo sueño hay otros sueños que recorrer.
Imagen: " Las botas y la máscara" - 1980. Óleo sobre lienzo - Eduardo Rodriguez.
martes
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